domingo, 18 de marzo de 2012

Pequeño texto inspirado en el ocaso

Qué bello ocaso. Bello, pero acaso..
¿Acaso ya lo viste?.
Tonos de rojo se funden en un horizonte de gris denso.
Denso pero pienso.. Qué increíble.

Sobre mi, un mar que no se cae.
Que no se cae y que ya no tiene rojo.
Ni por un segundo cierres un ojo, pues se va al instante.
El gris aun es denso.
Denso, pero sin embargo pienso.. Qué increíble. 

Poco a poco oscurece, y el ocaso deja de ser ocaso.
Es que ya no tiene caso, solo dura unos instantes.
Y el gris denso pasó a ser azul, no obstante..
Azul, azul oscuro, si.. Pero pienso..
¿Que en qué pienso?
¡Miralo! El cielo es increíblemente inmenso.

martes, 27 de diciembre de 2011

Pequeños momentos


Bajo un cielo oscuro, muy oscuro, él se encontraba. La luna le llamó la atención, y aunque no era nada que no hubiera visto antes, le resultó increíblemente hermosa. Un leve y decadente resplandor que el atardecer ya marchito había dejado en el horizonte, hacía a la vista ser motivo de envidia. Unas suaves armonías y melodías también ayudaban mucho al relax. El movimiento constante, debajo de sus pies, hacia que todo tomase otro color. Miró muchas veces por la ventana, intentando entender el por qué de tal éxtasis. 

Estaba de viaje, o volviendo de uno, más bien. 

 Poco a poco el resplandor que se observaba en el horizonte fue amigándose con la noche que ya tomaba posesión de todo a su alrededor. La vista, aunque más dificultosa, cada vez se tornaba más increíble; sobre todo en esos ciertos momentos en los que la imaginación se entrometía, para jugar. 

 De a momentos, la oscuridad, que ya se había instalado indiscutiblemente, era absoluta. Pues la ruta por la que él venía no disponía de muchas luces, y solo la imaginación, que iba tomada de la mano con la música (la que la radio ofrecía, que era algo así como jazz), y la luna, hacían de ese retorno, algo muy relajante.

También, de a momentos, en el trayecto de la ruta se daban lugar algunas peculiares luces, las cuales se alejaban de la vista solo al recorrer un par de metros.

 El movimiento debajo de sus pies seguía siendo constante,  demasiado constante desde hacía un par de horas, y en cuestión de instantes, comenzó a tornarse casi aburrido. Ese jazz tan extrañamente increíble, había terminado sin que se diera cuenta. El ruido del vehículo, poco a poco, empezaba a tornarse terriblemente monótono. Como de un momento a otro, el relax, que tan cómodamente se había instalado, tomó su abrigo y se fue.

El viaje parecía estar terminando. La ciudad ya se veía cerca. La rutina diaria y la monotonía parecían, de lejos, saludarlo y hacerle señas, como diciendo… “Acá estamos, ¡Pensaste que te ibas a librar de nosotros?”.

 La radio parecía muerta. Y la belleza de la oscuridad ya pasaba a ser solo un recuerdo, pues las luces de la ciudad iluminaban todo, cual sol de mediodía. También la luna se había escondido detrás de algunos edificios.

 Digamos que la esencia de la belleza se había marchado casi por completo… Los ruidos cotidianos ya se escuchaban por doquier. Ruidos producidos por las personas en su mayoría, personas hundidas en mundos laborales o simplemente inentendibles, quizá, donde la frialdad y la rutina eran los principales gobernantes.

 No obstante, de un momento a otro, la radio, que parecía haber muerto, revivió. Ahora, de ella lo que se escuchaba no era Jazz,  sino, notoriamente Blues. Un blues menor, quizá, (que quién sabe de donde habrá salido), que tomó el forzoso trabajo de decirle a la imaginación de este joven… “Espera, no te apagues todavía. Hagamos que este pequeño momento de belleza se mantenga de pie, solo un poco más”. 

 Ciertas frases provenientes de la bella canción que se daba lugar, comenzaron a rondar su mente. Pero eso no era nada en comparación a lo que las indescriptibles melodías le producían. La música tomó control por completo de su mente en los siguientes minutos. La tristeza que le causaba volver a la ciudad, se convirtió en nada. Y como por arte de magia, la luna mostró su cara, luego de estar escondida detrás de los incontables edificios durante un largo rato. 

 Él, quién sabía en el fondo que tenía que volver a la realidad en cualquier momento, a su vida laboral, a su rutina diaria, a su monotonía insoportable de todos los días, también sabía que había aprendido una cosa. Una cosa que se podía resumir en cuatro palabras: “Disfruta los pequeños momentos”.


miércoles, 7 de diciembre de 2011

Políticos

Un día despertamos del sueño,
para darnos cuenta de la tristeza que nos estábamos perdiendo.
Una noche dormimos pensando en que todo estaba bien,
y a la mañana siguiente descubrimos que nuestro suelo estaba ardiendo.
¿Qué nos pasa, hermano?
No dejemos que moldeen nuestro cerebro.
Desde viejas épocas,
nuestra mente es transformada a sus gustos.
Desde viejos tiempos,
estamos sometidos a sus caprichos.
¿Qué nos pasa, hermano?
No seamos lo que pretenden estos muchos.
Perdimos el sentido común,
perdimos nuestras capacidades.
Pues terminamos creyendo que alguien más soluciona nuestros problemas,
cuando más bien se aprovechan de nuestras ingenuidades.
¡Qué nos pasa, hermano?
¿Cómo nos dejamos guiar por estos farsantes?
No quieras hacerme creer que todo esta bien, porque no lo está.
No quieras hacerme creer que solo es mi imaginación, 
porque me voy a frustrar.
Quizá de esto no quieran que haga mención,
Pero.. ¡¡Qué nos pasa, hermano??
¿Acaso, razonar dejó de ser una opción?
Un grupo siempre es grupo,
haya, o no haya líder.
Que no te hagan creer lo contrario,
pues no necesitas que nadie te domine.
Sigo sin saber qué nos pasa, hermano...
Y ya no se que decirte...
Nos tienen dominados. También, quizá, acorralados.
¡Cómo dejamos que esto pasara?
¡Cómo dejamos que nos devoraran? Nosotros somos capaces de pensar Pero para eso necesitamos motivación. ¡Hey, hermano! ¡No les pidas tanto! Pues, el poder es su única preocupación.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Una carta

Querido "seas quien seas":

Te escribo esta carta con mis ultimos alientos, con el fin de que me respondas algún dia, en algún momento, en algún instante, dentro de poco o de mucho, y me hagas creer que todavía no estoy muerto.
 Mi edad no es muy larga, pero ya he sufrido más que una novia plantada en el altar. Sigo buscando, buscando, y buscando. Sigo creyendo que aún puedo encontrar al menos una persona que no sea como una moneda, con dos caras, o hasta incluso más. Sigo creyendolo, mi querido anónimo, sigo creyendo en vos, en un ser desconocido y distinto a todo lo que ya ví... Pero es el día de hoy, que un paso me separa de la desesperación. Estoy rodeado de hipocrecía, de antifaces, de conveniencias, de mentiras, de poca humildad... En fín, de tantas cosas estoy rodeado involutariamente...
¿Jamás te preguntaste por que es tan dificil admitir? Quiero decir... ¿Cuán dificil puede ser aceptar un error? ¿Realmente tan dificil es? ¿Por qué tener que recurrir a cualquier cosa, antes que a decir, "me equivoqué"?
"Permiso, por favor y gracias" ya dejó de ser algo cotidiano, ¿No es asi? ¿Donde quedó la humildad y el respeto?
Ay... Mi querido desconocido... El hecho de pensar en esto y buscarle un sentido posible, solo  me hace caer más en la resignación.

 Salir de mi casa, ver caras, cuerpos, multitudes, miradas, expresiones... Y decir... "¿Qué estarán pensando de mi?"... Bueno, realmente eso algo que llego a hartarme. El oir opiniones ignorantes y pensamientos cuadrados e incoherentes ya dejo de ser algo simplemente "molesto" para mi. También lo es el no saber en quien confiar.
 Ya solo la música logra llevarme a otra parte abstracta, y por instantes tristemente breves, en los cuales siempre te cruzás por mi cabeza.
 En fin...
 Espero que me disculpes por hacer perder tu tiempo, pero quizá esta sea la prueba de que estoy por volverme loco, si es que ya no lo estoy.

Asi que... Mi querido amigo, envio esta carta hacia cualquier lugar, que es donde posiblemente estés, con deseos de que estés bien.

Con cariño: una persona

martes, 12 de julio de 2011

Siempre presente

Esta es una breve historia como cualquier otra. Quizá también lo fuere ese romance inaudito, pero algo me hace creer que no.
 En la atmósfera se hallaba una esplendida luminosidad alegre. Las pequeñas y tibias brisas que corrían alegraban el alma.
 Nada hubiera corrompido la paz que comenzaba a haber en la edad media, si no fuera por los gritos y súplicas de un alma herida pidiendo ser escuchada.
 La guerra había terminado y la victoria había sido un hecho. La felicidad y la falsa creencia de poder habían invadido aquel reino. Todos estaban realmente felices por haberse liberado de un infierno. Bueno, casi todos.
 Un caballero volvía de su larga travesía, luego de tanto sufrir, con la fe de poder hallar a esa persona que había visto por última vez en aquella ocasión, su amor. Será que, quizá, la vida no quiso que en ese momento ellos estuvieran juntos.
 La dama se alegró mucho ante la noticia del retorno de aquel noble, con lo cual fue casi inmediato su reencuentro.
 Su cuerpo, ya desacostumbrado a la tibieza de la sensación provocada por la caricia de un amor, sintió como una especie de locura que se iba apoderando más de si mismo y de su experimentada pero prematura mente.
No obstante, como con un efecto de primera impresión, el caballero notó que algo no conservaba su vieja naturalidad. La dama ya no lo miraba con esos ojos cálidos que, hacía un largo tiempo, a él lo atrapaban.
 De todas formas, el caballero prometió darle todo su amor ante cualquier circunstancia, ante cualquier conflicto o desenlace, ante cualquier cosa, hasta ante la traición. El corazón de aquel joven noble pertenecía a su dama, a su amor, a su pasión, al placer de su alma. Quizá su algo temprana edad no era la más prometedora, pero al fin y al cabo él no vaciló ni un instante, jamás.

Pero un violento cambio ya mostraba sus afilados dientes. Él sabía que ella tenía una relación con alguien más, aunque lo que no sabía era de que se trataba, ni tampoco quería saber. Es decir, quizá solo era amistad, quizá.
  El caballero le pidió, tomándola de sus manos, que nunca temiera, que nunca dudara y que jamás huya de la realidad. Él la querría ante cualquier cosa, sin importar nada, en absoluto. Ella solo asintió casi desinteresadamente con la cabeza.
 El tiempo fue pasando de a poco, y la llama del amor cada vez iba mostrándose más y más pequeña. A medida que esto pasaba, pequeños vidrios imaginarios se iban clavando en el pecho del noble, como una lluvia, cuyo dolor se iba agudizando más y más.
 Un día, el caballero quiso salir y sentir el aroma de las flores que la pronta primavera iba presentando, con el fin también de despejar por unos instantes, con suerte, su tortuosa cabeza.
 Fue ahí cuando el cambio que el creía sentir, fue total y terminante, pero por sobre todas las cosas, real. Su dama estaba en manos de alguien más, ahí, recostada en los pastizales de los jardines que se daban lugar en las afueras del reino, junto a un joven escudero.
 Una explosión inmediata, tortuosa, desesperante, amargante, destructiva, agresiva, como mil agujas disparadas hacia todas partes, se dio lugar en el alma de aquel enamorado. Ni mil lágrimas fueron suficientes para calmar un poco la pena que estaba comenzando a cargar.
 No obstante, una promesa aún seguía vigente, al menos para él. Su corazón le pertenecía a ella ante cualquier circunstancia.

La dama realmente aún no comprendía lo que se hallaba bajo ese ser. Fue por eso mismo, esa misma tarde, cuando la oscuridad comenzaba a poner sus frías manos sobre los mojados campos vegetales, que el soldado fue a buscarla para hacérselo saber.
 Al llegar, la encontró sola, sentada en lo verde, bajo la anaranjada luz que el atardecer ofrecía. Y una flor en su cabeza, su belleza enternecía... Simplemente hermosa.

Luego de unos instantes, el caballero se acercó y observó de rodillas a su dama, a su amor, a su pasión, al placer de su alma, suplicándole sin decir una sola palabra que sintiera el fuego que yacía en su corazón. La dama, ciega, no quiso tocar con su mano el pecho de aquel valiente. No quiso comprender, de una vez, el calor de su infierno. Pues la dama tenía sus ojos en alguien más, mientras el corazón del caballero desangraba lentamente.

A ella realmente no le importaban los sentimientos de aquel caballero, y su corazón ya no tenía consuelo.

Ya solo quedaban dos alternativas: resignarse, desangrar y comenzar de nuevo.

miércoles, 29 de junio de 2011

Segundo lugar

¿Cual es el significado de un segundo lugar?
Quizá algunos lo interpreten como algo bueno, o como algo casi perfecto.
Como decir que estuviste cerca de alcanzar la perfección, lo cual es muy bueno.
 ¿No es así?
Pero.. ¿Y si lo ponemos de otra manera? 


Hoy era mi gran día. Iba a correr la gran carrera.
Una carrera que significaba absolutamente todo para mí.
De ella dependía prácticamente mi vida, cuyo premio era el más grande que cualquier persona pudiese ganar: la felicidad.
Una carrera en la que era yo contra mi meta.
Mi mente solo pensaba desde hacía mucho tiempo en esto.
 Logré ver que había varios competidores. Y cada uno de ellos parecia estar dispuesto a ganar.

Ya era el momento de comenzar. La gente que observaba desde las tribunas estaba callada, como si estuviesen viendo lo que pasaba, de una forma algo.. Macabra.
 Espere aproximadamente unos cinco minutos, hasta que de una vez por todas, sonó la campana. 
Comencé a correr con todas mis fuerzas.
Sin la necesidad de voltearme, me di cuenta de que luego de unos minutos ya había dejado atrás a todos.
Creí que nadie más corría junto a mi, pero pude ver que a unos pocos centímetros, corría otra persona a mi ritmo.
 No obstante, nada sacaría el primer lugar de mi mente, nada y absolutamente nada.
Desde hacía mucho tiempo esperaba ese momento y no quería arruinarlo.
Mis ojos miraban hacia delante, mi mente imaginaba la meta, y mi alma comenzaba a encenderse.
Empezaba a ver que el camino tenía ciertos obstáculos, los cuales me molestaban mucho, más que nada me entorpecían. Para colmo una leve llovizna comenzó a caer sobre mi cara.
Las cosas comenzaban a tornarse molestas.
Perdía visibilidad, a medida que el rocío se iba transformando en gotas de mayor espesor.
El cansancio comenzaba a invadir mis pulmones, lo cual hacía que todo se hiciera más lento.
Las cosas no se estaban dando bien, parecía que no iba a poder lograr lo que tanto anhelaba, pero..
No me importó.
Mi meta era una, y no importase como, iba lograrlo.
Mientras la brisa chocaba violentamente contra mi cara, giré mi cabeza para ver si alguien más venia. 
Y lo que vi me sorprendió. No había nadie.
Y no solo no había nadie más corriendo, sino que tampoco había gente observando.
Estaba completamente solo.
Fue a partir de ese momento que creí no poder perder.
Empecé a sentir mis pies mas ligeros, y aunque mi visión solo empeoraba, creí no necesitarla. Había visto el camino antes, creí poder recorrerlo sin mirar.
Por una vez en mi vida creí que todo iba a salir bien. 
La meta estaba a unos pocos metros de mi. Jamás creí estar más motivado que en ese momento.
Al usar el poco aliento que me quedaba, me dejó estupido el solo hecho de ver que mi meta estaba delante mío.
Luego de unos breves instantes, y de una vez por todas, pise la línea.
Jamás había estado más feliz en mi vida. Lo había logrado.
Pero..
Casi por arte de magia la lluvia cesó cuando llegué, por lo cual mi visión se normalizó.
Fue en ese momento que logré ver lo que jamás hubiera imaginado que iba a ver: alguien más había llegado antes que yo, ¡y lo peor de todo era que en ningún momento logré verlo!
¡Era el hombre que vi cando comencé a correr! 
Por un momento había pensado que él ya no estaba en esta carrera, que no era competencia.
Cuando mi mente dio el primer esfuerzo por asimilar lo ocurrido, automáticamente se tensó.
Mi cabeza se transformó en una especia de piedra, y mi sangre se heló por completo.
Estaba frente a lo que se interponía entre el premio que desde hacía mucho tiempo estaba buscando.
Estaba ante mi derrota moral. Ante la impotencia de no haber sido suficiente.
Mi meta ahora era el premio de alguien más.
Mi felicidad había sido arrebatada por otras manos.
A partir del cruce de esa línea, estuve frente a una realidad. La cual consiste en solo dos simples palabras.

Segundo lugar

sábado, 18 de junio de 2011

Solo un texto

Hola. ¿Que tal? Podría contarte algunas cosas acerca de mi.
Pero... ¿Por que no mejor hablamos de vos?
¿No me conocés? Puede que no. Realmente no importa.

Imagino que estás leyendo esto, con la esperanza de ver frases artísticas.. ¿Puede ser?
O quizá de apreciar una buena escritura.. ¿O no?
Quiero proponerte algo.
¿Por que no invertimos roles esta vez?
¡Hablemos de vos!
Me gustaría ver lo que tenés para decir.
¡Vamos! Todos tenemos cosas para decir.
Estamos llenos de pensamientos, pero no siempre los analizamos. No siempre los apreciamos. Y a veces simplemente no nos interesa hacerlo.
Pero pensar de vez en cuando no hace mal.
Es algo que muy posiblemente haga que te conozcas más. Y también algo que quizá haga que puedas diferenciarte de un animal. Ya que al fin y al cabo es la única diferencia que tenemos, nuestra capacidad de pensar, después de ciertos rasgos físicos. ¿No es así?
Bueno, quiero decirte algo.
Nunca es tarde para pensar.
Marcá la diferencia entre vos y un animal.
Bueno, no un animal, por que al fin y al cabo, es solo una criatura noble.
Mejor marcá tu diferencia entre las demás personas.
Se distinto. Se vos.
No seas lo que es el resto, solo por querer seguir la corriente.
No caigas en la trampa de la ignorancia.
Usa tu capacidad de pensar, ya que es una virtud que posiblemente te forme como persona. 
Sinceramente, en mi opinión, nada ni nadie más podría hacerlo.
¿Que quién soy yo? Solo un texto.
Ahora voy a hacerte una pregunta.
¿Quién sos vos?
Me gustaría que vos mismo formules esa respuesta, y me deslumbres.